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Una bicicleta plegable en la montaña

Las bicicletas plegables están revolucionando la movilidad urbana en Buenos Aires. Con más de 2 años en el rubro, identificamos siempre las mismas inquietudes sobre este tipo de bicicleta: “¿Andan rápido?”;  “¿Hay que pedalear mucho?”;  “¿Son resistentes?”; “¿Se rompen?”. Decidimos entonces llevar una Tern al extremo, y comprobar las cualidades la misma.

El objetivo fue realizar el trayecto Copina-Cóndor-Copina, clásica travesía de mountain bike.  Preparé para esta aventura mi Tern Link D16. La única modificacion  que le hice fue cambiar las cubiertas originales (Schwalbe Kojak) por unas Kenda con tacos, imprescindible a la hora de circular con seguridad un camino de montaña.

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-Etapa 1: “Cien años de soledad”-
Copina y El Cóndor son dos parajes ubicados en el Camino De Las Altas Cumbres en la provincia de Córdoba,  nacieron en el siglo pasado a principios de 1913 con la construcción de un camino en la montaña que uniria los valles de Punilla y de Translasierra.  En la década de los 80, con la construcción de un tramo asfaltado alternativo, estos parajes prácticamente desaparecieron y solo un día al año vuelven a tener vida con la realización de una etapa del ya clásico Rally de Argentina.
Un tramo de 18km une estos dos lugares. Es un típico camino de montaña, duro y pedregoso, con la particularidad de que hay que ascender desde los 1448 msmn hasta 2200 msmn.

Comenzamos a pedalear en Villa Carlos Paz (600 msnm). La ruta hasta Copina es de asfalto. En los primeros kilómetros de ruta, si bien extrañé las cubiertas originales (Kojak), me adapte rápido a los tacos en el asfalto y pude mantener un promedio de 20/25 km/h.

Una pequeña recta de unos 500 mts en Bajada me permite probar la bici a fondo. La ciclocomputadora marca 52 km/h, la estabilidad de la bici es asombrosa y la inercia me permite adelantar aún sin pedalear a mis compañeros en MTB.

Luego de 25km aparece un desvío a la derecha con un camino en bajada y como única referencia una pequeña casa. 5 km más y llegamos a Copina.
Recorrimos 40km desde Carlos Paz y estamos a 1448 msnm.
Hacemos una pequeña parada en este caserío, no hay ningún lugar para comprar salvo un pequeño quiosco donde hay más bebidas alcohólicas que alimentos para la venta.
Miro los árboles y están cubiertos de líquenes, clavel del aire y barba de viejo, síntoma de aire puro y polución cero.
Algún poblador curioso se asoma por una ventana, otro sale raudamente de una casa y se mete en otra, por un momento me acuerdo del pueblo de “Macondo”.
Comienza el ascenso a El Cóndor, tenemos 18km por delante para llegar hasta los 2200 msnm, somos los únicos locos que subimos ya que la mayoría hace el camino inverso.

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Me despido del plato grande de mi Tern  D16, entra en acción el plato de 39 dientes y juego con los piñones. Los tacos de la Kenda se agarran como garras al piso y solo es cuestión de pedalear. La bici trepa y en ningún momento se traba, comienzan a aparecer los famosos puentes colgantes, es inevitable parar a sacar fotos, atrás y a lo lejos se ve el lago San Roque, da miedo ver lo que ascendimos.

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Cargamos agua en las vertientes y devoramos barritas de cereal. En el último tramo de este camino está la parte más difícil, el cansancio y lo empinado del camino nos acompañan en las últimas horas de luz del día. A lo lejos vemos las antenas en la cumbre, es el faro a dónde nos dirigimos, pero siempre que  parece ser  la última curva, aparece otra.

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Finalmente llegamos. No se si algun ciclista hizo este recorrido con una plegable antes, pero me tomo el atrevimiento de autoproclamarme como el primero. Una auténtica locura, la confianza que tenía en este producto se confirmó.

-Intermedio-
Cansados y con un poco de frío llegamos al “Parador El Condor”. Como un oasis nos recibe en medio de la nada, y todo lo que un aventurero en dos ruedas puede esperar está en este lugar: Comida, Refugio, y más comida.
Si hablamos de calorías consumidas en el ascenso, creo que fueron recuperadas en pocos minutos.
Alquilamos unos cómodos dormis para pasar la fría noche en la montaña.
Una gran cena en el salón del parador, un baño de agua caliente y una buena cama. Este es el premio completo a una dura jornada de bici.
El sol se filtra por las rendijas de la ventana y me invita a despertarme, el salón comedor cobra vida nuevamente y nos encontramos con gente que tal vez estará solo unos minutos de su vida en este lugar. Un buen desayuno y las consabidas explicaciones a algún curioso que pregunta como subimos con esa bici “chiquitita”.
Chequeo rápidamente la bicicleta.

Bisagras: el sistema OCL, que equipa a la mayoría de las Tern, se comportó de una forma increíble, ningún juego ni ruido, sin dudas es el mejor sistema de bisagras del mundo de las plegables.

Frenos: Si bien en subida prácticamente no los usé. Controlo el estado y los preparo para un uso extremo en la bajada.

Cambios: Entran todos perfectamente y la pata del descarrilador, que a la vista parece muy expuesta a los golpes, no tiene ni una marca.

Ya estamos listos para lo mejor del fin de semana: el descenso.

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-Etapa 3: “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde”-

Cuarenta, tan solo 40 minutos nos llevó lo que ayer fue un etapa maratónica de subidas interminables, pero como dice el dicho: lo que difícil viene, fácil se va.
Empezamos a bajar. Parado en los pedales tirando el peso hacia atrás y tratando de copiar los peraltes y esquivar las rocas, duelen los gemelos y las manos, pero el viento en la cara y la vista del valle me hacen olvidar todo. En la inmensidad de la montaña el hombre-ciclista se reencuentra con su espíritu de niño y se divierte como bajando por un tobogán.
Los frenos chillan luego de pasar por el agua que cruza el camino pero no pierden eficacia, el poste de manubrio es rígido y me permite exigirlo, en las curvas cerradas y derrapando en los ángulos cerrados la D16 baja velozmente , chequeo la computadora y la velocidad máxima me marca 42 km/h, en un terreno donde no hay rectas largas, es increíble para una plegable.

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Llegamos a Copina, nos queda el camino a Carlos Paz y es todo en bajada, poco tránsito y bajando se puede observar quien sube, así que podemos correr a gusto y ocupar toda la ruta cortando las curvas. Alcanzo una máxima de 62 km/h.
El viaje llegó a su fin y no quiero mirar atrás, creo que ya estoy extrañando la montaña. Mientras pedaleamos hasta el auto para iniciar el regreso a Bs As agendo a Copina – El Condor – Copina como uno de los 10 recorridos que un ciclista no debería dejar de hacer en Argentina.

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