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“Siempre tendremos París”

Le Decía Humphrey Bogart a Ingrid Bergman en “Casablanca”, una frase cargada de melancolía e historia.

Buscando un lugar para desayunar disfrutando el tibio sol de invierno, empezamos a pedalear rumbo al norte. Vicente Lopez es un barrio en donde la tranquilidad parece reinar, “El Café De París” es el destino. Recorrer desde Núñez hasta la costa del río de La Plata en V.Lopez puede ser un gran plan para un domingo, unas pocas cuadras y abordamos una bicisenda que permite la tranquilidad de los no avezados, García Del Río desemboca en Av del Libertador y a partir de ahí por la vereda este podremos llegar al límite de la ciudad. Estamos en las puertas de V.Lopez y todo está cambiado.

Cruzamos a Provincia y luego de un gran y conocido supermercado doblamos hacia la derecha. El renovado paseo ribereño nos relaja automáticamente y la brisa del río nos recibe. Seguimos con el estuario a nuestra derecha y sobre nuestras cabezas los barriletes juegan despreocupados siguiendo el ritmo de las corrientes. El paisaje cambió mucho. Hace más de un siglo, cuando la palabra contaminación no formaba parte del léxico porteño, las multitudes se acercaban a refrescarse en los días de calor, podían observarse a mujeres con trajes de baño que cubrían del cuello a las rodillas y por la noche aguas adentro el barco “La Peniche” funcionaba como “Boite” anclada cerca de la costa.

Las ganas de tomar un rico desayuno nos alejan del río y vamos en rumbo de la estación de V. Lopez, nos detenemos en Libertador y Melo, estamos frente al hotel Vicente Lopez. Este edificio ya formaba parte del paisaje de la zona al principio del siglo pasado, construido por un sobrino de Hipólito Yrigoyen cerca de 1900 después de la creación de la estación de tren. Por eso, su entrada apunta a la Av del Libertador, el antiguo camino ribereño.

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En 1893 se crea la estación de Olivos  del actual ferrocarril Mitre y unos años después ante la necesidad de una estación de cargas surge la actual estación de V.Lopez, no dejen de cruzar por el puente de hierro que atraviesa el andén, pueden perder unos minutos en medio de él y disfrutar el paisaje que nos regala. Esperen la llegada de un tren y el disfrute será total.

El aroma a café se siente en el aire, estamos a metros del Café De París. Este antiguo edificio fue construido aproximadamente en 1930, y su estilo Art Nouveau sobrevive desde entonces. Uno de los lugares mas lindos del barrio, sus mesas de chapa en la calle son anfitrionas a toda hora desde la mañana hasta la noche, los domingos o en los mediodías de la semana, constantemente reciben gente deseosa de disfrutar la tranquilidad de una estación que parece seguir el ritmo lento de un pasado remoto, animado constantemente por Edgardo, un personaje que junto a un teclado regala melodías a los clientes del lugar. Cuando llegamos sonaban los acordes de “As Time Goes By” y la idea de escribir esta nota brotó inmediatamente.

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La bicicleta plegada al lado de mi silla acapara la mirada sorprendida de un cliente mientras revuelve la cuchara en su pocillo de café. Esquivando las necesidades inmobiliarias de la zona, el barrio parece decir “siempre tendremos El café de París”. El desayuno es perfecto y nos repone energías para volver a casa. Mientras el domingo comienza a promediar su existencia emprendemos retorno por las calles internas del barrio.

El presente y pasado de un barrio lo podes descubrir en un paseo en bicicleta.

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