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London Nocturne

“El sueño del pibe”

Por una sugerencia del momento me veo obligado a clickear “modo avión” en la pantalla del iPad y de paso en el interior de mi cabeza, hora de vacaciones.

Mientras iniciamos el recorrido en la pista de Ezeiza, la voz grabada de la azafata solicita e instruye, serán 13 largas horas en que mis piernas se tomarán un obligado descanso en su rutinaria y agradable tarea de propulsar una bicicleta. A decir verdad, rara vez pasan tanto tiempo sin empujar pedales, por una cuestión laboral y de placer (envidiablemente unidos), todos los días estoy de uno u otro modo, pedaleando.

Las tan anheladas vacaciones “coincidieron”, afortunadamente, con un evento del que nunca pensé ser parte.

“El sueño del pibe” definió un amigo mi próxima aventura. El London Nocturne es un evento anual celebrado en la capital del Reino Unido desde hace 10 años. Se realizan en el, distintas competencias de ciclismo en un circuito callejero especialmente diseñado para la ocasión. Durante una tarde, distintas categorías de nuestra querida amiga y compañera, se disputan la gloria. Entre ellas una muy especial: “Folding bikes”. Sí, las cada día más populares bicis plegables también tienen la oportunidad de medirse, y este año cumpliremos el sueño, ya que tenemos la oportunidad de participar. La cantidad de corredores inscriptos este año (64) es récord. Desconocemos el nivel de los competidores, pero asusta al saber que participará el Campeón de la liga mundial Brompton y algunos equipos de marcas importantes como Líos. Serán dos etapas, una serie clasificatoria, y una final con los 40 mejores de la anterior.

Armamos y modificamos para la ocasión una vieja Tern Link D8, le cambiamos la estética, le pusimos los mejores componentes, pero sigue siendo nuestra querida Tern. Ahora es una auténtica “pistera”. Entrenamos duro y el 4 de junio a las 16.00 hs largamos esta tradicional carrera de bicicletas plegables a metros de la Catedral de St. Paul, muy cerca del Támesis, ahí nomás del Big Ben.

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Es la mañana siguiente a mi partida,  y ya cómodamente instalado en Guildford (un pequeño pueblo ubicado a media hora de Londres) estoy terminando el desayuno y a punto de sacar la bici de la valija. Una voz comienza a sonar en mi cabeza: “Circular por la izquierda, circular por la izquierda, circular por la izquierda…”.Suena también la voz de arrancar a pedalear, a sacar fotos, a parar en un pub a tomar una cerveza, a escribir más. Estamos en esta maravillosa ciudad y listos para correr. Como dijo Forrest Gump: “La vida es como una caja de chocolates, nunca sabés lo que te va a tocar.”

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“Nada temas hasta que el bosque de Birnam suba a Dunsinane.”

Ya instalado cómodamente en la casa de un familiar en las afueras de Londres, estoy ansioso esperando la carrera. Nada sería más acertado para definir esta situación que una célebre frase de Wiliam Shakespeare: “Nada temas hasta que el bosque de Birnam suba a Duncinane”. Señores: me estoy sintiendo como Macbeth, viendo el bosque venir hacia mi. Faltan dos días para la carrera y empiezo preocuparme por los rivales, la mecánica de mi bici, el incipiente y molesto dolor de garganta, el clima frío y lluvioso de esos días, y por no poder dar riendas sueltas a mi afición por la cerveza entre tantos Pubs. La mejor forma de olvidarme de la bici es salir a pedalear. Guilford es una ciudad pequeña ubicada entre colinas y con un hermoso canal de la época Victoriana que la atraviesa de oeste a este. No hay prácticamente edificios y sus casas con techos de tejas y chimeneas brotando de ellas dan el color rojo, entretanto verde. Negocios y calles modernas contrastan sin salirse de la situación. Todo es orden, y pareciera que funciona de la mejor manera, todo es perfecto, salvo mi odiosa costumbre de manejar por la derecha, por estos lados se maneja rápido y no hay mucho tiempo para pensar que aquí todo es al revés, y ni hablar de las rotondas. De solo pensar en ellas me da vértigo.

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Salgo temprano y en pocos minutos llego al canal, un hermoso camino lo recorre y acompaña quien sabe hasta donde. Piso de tierra y asfalto, por momentos el agua del canal se encuentra a pocos metros y en otros momentos más cerca, del otro lado el verde de las enredaderas, arbustos y árboles, como en el bosque de Birnam. Estos canales fueron construidos hace mas de 200 años para comunicar las zonas rurales y transportar mercancía entre los pueblos. Es aquí donde navegan los famosos Narrowboats, barcos largos y estrechos que en la actualidad se alquilan para vivir, dormir o hacer viajes a través de los canales. Definitivamente pintoresco. Me gana la necesidad de detenerme a registrar fotográficamente estos momentos, mi vieja Tern D8 en lugares impensados, ¿hasta dónde podemos llegar con nuestras bicis? O mejor dicho : ¿a donde no podemos?.

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London Nocturne.

Llegue a esta ciudad para disfrutar unas vacaciones y obviamente a correr esta carrera con las ganas e ilusión de ganarla, pero me llevé dos sorpresas. No la gané, pero viví una fiesta que superó todas mis expectativas.

Mezclar distintas “tribus” de ciclistas podría ser algo complicado, pero en el London Nocturne es lo que mejor funciona, en el parque cerrado conviven y se lleva bien todos, desde ciclistas Pro calentando sobre rodillos, hasta los dueños de las pennyfarthings, plegables, clásicas ,las Santander de alquiler, nadie se preocupa por nadie y todos conviven, porque sencillamente las diferencias entre sus bicicletas no los separan. Si acá hay alguien en bici, es de los nuestros. No importa cuantas pulgadas tengan sus ruedas, si el piñón es libre o no, o que logo lleve estampado en su cuadro. Borges dijo: “Es imbatible un pueblo con el espíritu de Gran Bretaña”, y al menos en lo que a mi me concierne y pude ver en estos días, le doy la razón y empiezo a comprender cómo las distintas culturas ocupan un lugar en la escala evolutiva. Aquí la cultura ciclista se basa en el respeto. En las carreras y fundamentalmente en la calle, el “sorry” y el “please” está en cada momento. Si, estamos lejos; como en una carrera, depende de nuestro esfuerzo para meternos en el pelotón puntero, pero eso es imposible si no tiramos juntos.

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La mejor forma de llegar al centro de Londres desde donde estamos es el tren, media hora de viaje y estamos en Waterloo, desde ahí son unas diez cuadras hasta St Paul, lugar de largada este año. En los anteriores la carrera se realizaba en la zona del mercado de Smithfield. Sin poder comparar, llegamos a la zona del circuito y se empieza a respirar la Nocturne. La zona de la salida de estación del Underground está ocupada por decenas de carpas de comida, diversos stands y una zona vip del Sponsor principal, MR. Porter.

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Por los parlantes se anuncia que quedan pocos minutos y que la categoría Folding debe salir a la pista, estoy en el parque cerrado, ya tengo puestas las zapatillas con trabas y las calzas, termino de hacer el moño a mi corbata y ajustarme el cuello de la camisa. El chaleco está correctamente abrochado. De la cintura para arriba estoy listo para ir a la oficina, y de eso se trata la carrera. Un símbolo característico de la ciudad, es ver a la gente ir a sus trabajos elegantemente vestidos montados en sus bicis, y las plegables son muy elegidas por su comodidad y versatilidad.

El briefing está en marcha para los 65 pilotos que vamos a largar la serie clasificatoria, buscando un lugar entre los 40 finalistas. La charla suena pero yo estoy absorto en mirar todo a mi alrededor, las bicis, la ropa de los demás, algunos inclusive han completado su atuendo con saco y hasta veo alguna pipa (sin prender) que da el toque hipster a la largada. Puede parecer ridículo, pero es Londres y es fantástico. Es hora de entrar a la pista. “Cuando suena la campana hasta el banquito te sacan”, decía Ringo Bonavena, y es verdad, en la pista estás solo, y encerrados por las vallas parecemos toros sueltos en San Fermín. Vuelta previa y llegamos a la zona de largada. Tenemos que plegar las bicicletas a ambos costados de la pista. La ceremonia es impactante, 65 competidores  agachados preparando sus bicis y colocándolas en la posición correcta para armarla en el menor tiempo posible. Regresamos caminando 50 metros a la línea de “pique”, el silencio aturde hasta que entonamos la cuenta regresiva: ten, nine, eight…

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Correr 50 metros con zapatillas con trabas, chaleco, camisa, corbata, y calzas, se siente como despertarse y correr el colectivo para ir a trabajar olvidándose de ponerse los pantalones. Corrí como en mis viejos y atléticos tiempos. Llego a la bici, la armo en tres segundos, trabo la zapatilla derecha, comienzo a pedalear y calza el pie izquierdo. Algún video o foto reflejará mi “histórica largada”, llegué a la primer curva a unos 200 metros en punta y al doblar solo mire de reojo para atrás. Placer y pánico se apoderaron de mí, no me importó que fuese la serie y traté de poner todo. Casi una vuelta en punta demolió mis piernas y pulmones, comencé a hacer agua, no importaba , sabía que entraba en los 40 y eso era lo que valía. La segunda vuelta, una vez sobrepasado por los punteros, la dediqué a estudiar el circuito y sus curvas, corrimos entre edificios en calles angostas y cercadas por vallas, había que “embocar” curvas, las rectas no duraban más de 100 metros, salvo en la llegada con una pequeña pendiente de unos 400 Metros. Bandera a cuadros, y minutos después nos enteramos del puesto obtenido. 23 de 65, dentro del primer tercio y apuntando a buscar entrar entre los 10 en la final.

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La final es dentro de 4 horas, y ahora podemos disfrutar del espectáculo, la categoría Folding es la única que corre dos veces, somos privilegiados, nos vamos al entretiempo.

Receta para un buen espectáculo:

Una ciudad fantástica, un evento de ciclismo, varias categorías distintas: Criterium fijo, ruteras elite mujer y hombres, bicicletas de alquiler Santander, desfile-concurso de elegancia y una de Penyfartings (bicis de ruedas grandes). Música, miles de campanitas-souvenirs repartidos sonando, gente alentando y golpeando las vallas, una pizca de personajes raros, y algunos puestos de comida. Cocinar brevemente con el sol de Londres y servir.

Estamos bien los 40 aquí en la largada, no hay vuelta previa, no hay briefing, ya sabemos lo que hay que hacer, antes de largar nos avisan que la final no es a 5 vueltas, si no a 3, cambio de último momento. Para cumplir con los horarios, puntualidad Inglesa. Hubiese preferido que la final dure bastante ya que mi fuerte es el fondo, pero ya no hay tiempo para lamentos. Una décima de segundo tarde en la reacción y pierdo unos metros en el inicio, apuro un poco y llego entre los tres a armar la bici, la única Tern de la carrera tiene ventaja en el armado y la aprovecho para salir rápido, me recibe la primer curva junto a dos rivales, negociamos entrar en ella sin chocarnos y se arma la carrera, no hay mucho tiempo para las estrategias y no se arman pelotones a mi alrededor, así que hay que tirar solo. Los punteros son inalcanzables y trato de pelear un décimo puesto, los sobrepasos son constantes y los cambios de posiciones hacen perder la idea del puesto en que vamos, al salir de la segunda vuelta hay que poner todo, cerca de la recta final me acomodo en un pequeño pelotón y busco escaparme de ellos al asomarme a la última recta, pongo todo lo poco que tengo, miro de reojo y veo que ya no me pueden alcanzar, me recibe la bandera a cuadros. Puesto 21. Tristemente feliz es un sentimiento ambiguo pero real.

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Luego de ver la final del criterium a través del vaso de cerveza, o al menos tratar de verlos ya que la velocidad de estos muchachos es bastante alta, nos hundimos en el Underground de St Pauls y viajamos hacia Waterloo, tomamos el último tren a Guilford, miro la bici plegada dentro del vagón y me pregunto si podré repetir la experiencia, el tiempo lo dirá. Otras tierras y carreras me reclaman pero será difícil de igualar a esta experiencia. Por la ventanilla del tren veo como el sol se pone en la campiña. Es el anochecer de un día agitado.

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